La lectura de clásicos es importante y su riqueza es indudable. Leer un clásico nos aporta una panorámica de la realidad, nos transmite un mensaje que puede ser actualizado, nos enseña a reflexionar acerca de la propia realidad y nos permite trasladarnos a otras épocas y culturas.
Sin embargo, aunque somos conscientes de la importancia de los clásicos, no solemos frecuentarlos. La dificultad de su lectura y su lenguaje, su lejanía, su complejidad temática y su extensa longitud hacen de los clásicos libros demasiado pesados y ajenos, y como consecuencia, sentimos cierta desconfianza a la hora de comenzar a leerlos.
También hay que remarcar el temor que nos producen, pues, al ser libros tan conocidos de oídas, sentimos la obligación de leerlos y de que nos atraigan.Además, en numerosas ocasiones nos acercamos a los clásicos por imposición, sin sentirnos en el momento más adecuado para saborearlos, por lo que, su lectura se nos hace eterna y muy complicada.
Estoy a favor de la lectura de clásicos, pero de un modo gradual y alternándolos con obras contemporáneas. Desde mi punto de vista, no se puede comenzar leyendo un clásico sin unos conocimientos previos y sin un hábito lector. Lo mejor es preparar el terreno, es decir, que se nos enseñen unas pautas iniciales que nos ayuden a entender y a disfrutar más de la lectura de estas obras.
Los clásicos me parecen libros muy enriquecedores, aunque no puedo decir que haya leído muchos y, aunque contienen partes casi ilegibles, sus tramas son tan sorprendentes que logras sumergirte en ellos de una manera inexplicable.
En conclusión, creo que es necesario leer clásicos por todo lo que nos transmiten. En el caso de que te resultan tediosos siempre habrá alguno que no te deje indiferente y que te resulte más personal y cercano y, si aún así no llegan a interesarte, recuerda que lo más importante es la lectura en sí misma y la voluntad de desentrañar los misterios de la obra.
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